Como necesito todas las neuronas para el último sprint antes del examen, voy a dejar el libro que acabo de empezar: El holocausto español - Paul Preston, voy a releer la trilogía Millenium ![]() |
lunes, 9 de mayo de 2011
Re-lectura
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viernes, 1 de enero de 2010
lecturas 2009 - XXX, XXXI y fin
La leona blanca (Henning Mankell) ![]() Una tarde de la primavera de 1992, la joven agente inmobiliaria Louise Akerblom es brutalmente asesinada en una solitaria y apartada granja de Escania. Un caso difícil para la policía, pues, a primera vista, no hay un móvil claro, y todo parece indicar que la muchacha sólo vio algo que no debía ver. Una vez más, Kurt Wallander tiene que dejar de lado sus problemas personales (la soledad, la incomunicación con su hija adolescente o el agrio carácter de su anciano padre) y tratar de encajar las piezas del incomprensible puzzle. Paralelamente, en la lejana Sudáfrica, una organización de extrema derecha, decidida a dinamizar el proceso antiapartheid, planea asesinar a un importante dirigente político y sumir al país en el caos. Para ello contrata los servicios de un asesino a sueldo, que, ayudado por un antiguo agente del KGB, comienza la preparación del atentado en Suecia, muy cerca de Ystad… Así empieza… Prólogo Sudáfrica, 1918 Hacia el anochecer del 21 de abril de 1918, tres hombres se reunieron en un modesto café del barrio de Kensington, en Johanesburgo. Los tres eran jóvenes. El menos de ellos, Werner Van der Merwe, acababa de cumplir diecinueve años. El mayor, Henning Klopper, contaba veintidós. El tercer hombre de la reunion, que se llamaba Hans du Plessis, cumpliría veintiuno en unas semanas. Precisamente aquel día había decidido preparer su fiesta de cumpleaños y ninguno de los tres había imaginado ni albergado la menor idea de que su encuentro en aquel café de Kensington pudiese cobrar significado histórico. Pese a todo, el asunto del cumpleaños de Hans du Plessis nunca llegó a tratarse aquella noche y ni siquiera Henning Klopper, que fue el promoter de una propuesta que a la larga cambiaria toda la sociedad sudafricana, podia figurarse el alcance o las consecuencias de sus propias reflexiones inconclusas. Que se levanten los muertos (Fred Vargas) ![]() Despúes de El hombre de los círculos azules, en esta nueva intriga policíaca nos encontramos a "tres evangelistas": Mathias, Lucien y Marc, tres jóvenes historiadores en paro y sin un céntimo, que intentarán resolver un caso muy complicado. Mathias es duro, casi de piedra, como la edad prehistórica de la que se ocupa; Lucien es un estudioso de la I Guerra Mundial, y Marc, un medievalista muy nervioso. No parece el equipo idóneo para resolver un caso de homicidio que hunde sus raíces en un pasado lejano, lleno de rencor y celos. Pero, a veces, la intuición y la capacidad de análisis consiguen más de lo que se pueda imaginar. El escenario: una calle del centro de París, donde todo el mundo se conoce y nada pasa desapercibido. En esta nueva entrega, Fred Vargas, con mucha ironía y un enorme talento, elige como protagonistas gente común, con sus milagros y desastres cotidianos Así empieza... - Pierre, hay algo que desentona en el jardín –dijo Sophia. Abrió la ventana y examinó aquel trozo de terreno el que conocía hasta la última hierba. Lo que vio hizo que un escalofrío le recorriera la espalda Pierre siempre leía el periódico a la hora del desayuno. Seguramente por eso Sophia miraba tan a menudo por la ventana. Para ver el tiempo que hacía, cosa que uno suele hacer con bastante frecuencia cuando se levanta. Y cada vez que hacía malo, poensaba en Grecia, por supuesto. Aquellas contemplaciones inmóviles se llenaban a la larga de nostalgias que algunas mañanas se prolongaban hasta el resentimiento. Después se le pasaba. Sin embargo, esa mañana había algo que desentonaba en el jardín |
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martes, 29 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XXVIII y XXIX
El hombre sonriente (Henning Mankell) El abogado Gustaf Torstensson conduce inquieto su vehículo por una carretera solitaria. Es noche cerrada y el hombre mira constantemente por el retrovisor, tratando de descubrir si le persigue algún coche. De repente, delante de él, ve una silla plantada en medio del asfalto, y en ella, un muñeco del tamaño de un ser humano. Es otoño y la niebla alcanza ya la carretera. Torstensson frena en seco y, aterrado, sale del coche para ver de cerca la fantasmagórica aparición. Es lo último que hace en su vida. muy poco después, el inspector Wallander se verá inmerso en un complicado caso de delincuencia económica de altos vuelos. Sin embargo, la sensación de luchar contra un enemigo intangible –un adinerado y autoritario mecenas-, la permanente sonrisa del principal sospechoso y esa extraña impresión deque su vida corre peligro pondrán a prueba su entereza y su habilidad. Así empieza... “La niebla”, pensaba. “Es como un depredador furtivo y silencioso. Jamás lograré habituarme a ella, pese a que toda mi vida ha transcurrido en Escania, donde las personas aparecen constantemente envueltas en su manto invisible”. Eran las nueve de la noche del 11 de octubre de 1993. La bruma se había precipitado veloz, como un torbellino, procedente del mar. Él iba al volante, de regreso a la ciudad de Ystad, donde residía. Su vehículo hendió la blancura brumosa apenas hubo dejado atrás las laderas de Brösarp. Una intensa sensación de temor lo invadió al punto. . Ojos de agua (Domingo Villar)Entre el aroma del mar y de los pinos gallegos, en una torre residencial junto a la playa, un joven saxofonista de ojos claros, Luis Reigosa, ha aparecido asesinado con una crueldad que apunta a un crimen pasional. Sin embargo, el músico muerto no mantiene una relación estable y la casa, limpia de huellas, no muestra más que partituras ordenadas en los estantes y saxofones colgados en las paredes. Leo Caldas, un solitario y melancólico inspector de policía que compagina su trabajo en comisaría con un consultorio radiofónico, se hará cargo de una investigación que le llevará de la bruma del anochecer al humo de las tabernas y los clubes de jazz. A su lado está el ayudante Rafael Estévez, un aragonés demasiado impetuoso para una Galicia irónica y ambigua, e incluso demasiado impetuoso para el propio Leo, que busca entre sorbos de vino los fantasmas ocultos en los demás mientras intenta sobrevivir a los suyos. Gracias a la labor de este singular tándem Caldas-Estévez la verdad termina por aflorar, llevándonos a desentrañar el secreto que esconden los Ojos de Agua. Así empieza... La línea de luces de la costa, el resplandor de la ciudad, la espuma blanca batiendo en el rompiente... No importaba que estuviera oscuro y la lluvia empapara los cristales. Quienes acudían a su casa por primera vez hablaban siempre de las vistas, como por obligación. Luis Reigosa escogió un CD del estante, lo colocó en el equipo de música y sirvió las bebidas en unas copas anchas cuyos bordes había frotado antes con la cáscara de un limón. No sospechó que eran las últimas que servía. Escucharon el bramido del viento cuando bajaron abrazados a la habitación. Desde el saón, Billie Holiday les regalaba The man I love- . Someday he’ll come along The man I love And he’ll be big and strong The man I love |
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viernes, 25 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XXVI y XXVII
![]() La playa de los ahogados (Domingo Villar) Una mañana, el cadáver de un marinero es arrastrado por la marea hasta la orilla de una playa gallega. Si no tuviese las manos atadas, Justo Castelo sería otro de los hijos de la mar que encontró su tumba entre las aguas mientras faenaba. Sin testigos ni rastro de la embarcación del fallecido, el lacónico inspector Leo Caldas se sumerge en el ambiente marinero del pueblo, tratando de esclarecer el crimen entre hombres y mujeres que se resisten a desvelar sus sospechas y que, cuando se deciden a hablar, apuntan en una dirección demasiado insólita. Un asunto brumoso para Caldas, que atraviesa días difíciles: el único hermano de su padre está gravemente enfermo y su colaboración radiofónica en Onda Vigo se está volviendo insoportable. Tampoco facilita las cosas el carácter impulsivo de Rafael Estévez, su ayudante aragonés, que no acaba de adaptarse a la forma de ser del inspector. Así empieza... El inspector Leo Caldas se bajó del taxi y dio dos zancadas para evitar los charcos que inundaban la acera. Entró en el vestíbulo del hospital, se abrió paso entre la gente y se dirigió a las escaleras. Subió hasta la segunda planta y avanzó por un pasillo flanqueado por hileras de puertas cerradas. Se detuvo ante la marcada con el número 211, la abrió ligeramente y miró al interior. Tras una mascarilla verde, un hombre dormía sobre la cama más próxima a la ventana. La televisión estaba encendida, sin voz, y la otra cama vacía y con las sábanas dobladas sobre el colchón. Consultó su reloj, volvió a cerrar la puerta y caminó hasta una sala de visitas situadas al final del pasillo. Sólo halló a una mujer mayor cuyas ropas negras se destacaban contra el blanco de la pared. La anciana alzó la vista cuando Caldas asomó la cabeza, pero sus ojos regresaron decepcionados al suelo tras cruzarse con los del inspector. . Los perros Riga (Henning Mankell) Una fría mañana de febrero, un bote salvavidas queda varado frente a la costa sueca. Dentro yacen los cadáveres de dos hombres que, como confirma el inspector Kurt Wallander, han sido asesinados días atrás. Aquejado de estrés, con problemas de salud, lleno de remordimientos por desatender a su anciano padre y sin haber encajado bien la separación de su mujer, Wallander, una vez abierta la investigación, debe hacer de tripas corazón y posponer sus buenos propósitos de cuidarse más. Al averiguarse que los dos hombres asesinados eran letones, Wallander no tiene más remedio que viajar a Riga. En la turbulenta Letonia de 1991, en pleno proceso de restablecimiento de la independencia y la democracia, Wallander se introduce en los ambientes de la oposición clandestina. En medio de esa atmósfera sórdida, conoce a Baiba Liepa: intriga, amor y conflictos de toda índole provocarán que su vida dé un inesperado vuelco. Así empieza... Por la mañana, poco después de las diez, llegó la nevada. El timonel del barco de pesca masculló una maldición. Había oído por la radio que se preparaba una tormenta de nieve, pero albergaba la esperanza de llegar a la costa sueca antes de que aquella comenzase. Si la noche anterior no le hubiesen hecho perder el tiempo en Idéense, ya habría divisado Ystad y habría podido virar el rumbo unos cuantos grados al este. Todavía le quedaban siete millas de navegación, y si la tormenta de nieve arreciaba tendría que detener la embarcación hasta que escampara. Volvió a maldecir su suerte. “La avaricia rompe el saco”, se dijo para sus adentros. “Debería haber hecho lo que pensé en otoño: comprar un nuevo radar. Ya no puedo fiarme de mi viejo Decca. Tenía que haber comprado uno de los modelos americanos. Esto me pasa por avaro”. |
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martes, 22 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XXV
Las hojas caídas (Wilkie Collins) Amelius Goldenheart, tras haberse criado en una comunidad socialista cristiana en EEUU, regresa a su Inglaterra natal para conocer mundo y alejarse del amor de una mujer con una misteriosa tragedia en su pasado. Con veintiún años, Amelius llega a Londres con una carta de presentación dirigida a John Farnaby y se enamora de su sobrina Regina. A pesar de los recelos de Farnaby, su esposa ve con muy buenos ojos al joven y le confía un secreto y una misión: encontrar a la hija recién nacida que le robaron hace dieciséis años. Paulatinamente, el joven Amelius se va implicando más en las desdichas de unas mujeres unidas por su relación con el joven y por los secretos del pasado; unas mujeres a las que, pese a sus intentos por encontrar la felicidad, la vida sólo les devuelve desgracias y decepciones; unas hojas caídas. En la Inglaterra victoriana, los ideales y principios de Amelius chocarán de frente con las estrictas normas de la sociedad en su intento por ayudar a esas hojas caídas. ¿Conseguirá superar los prejuicios y alcanzar la felicidad? Así empieza... Los irresistibles influjos que un buen día han de reinar con supremacía absoluta sobre nuestros pobres corazones, amén de dar forma al breve y triste transcurso de nuestras vidas, a veces provienen de un origen remoto y misterioso, y encuentran el camino inescrutable para llegar a nosotros a través de los corazones y las vidas de algunas personas que nos resultan desconocidas. Mientras gastaba su primera chaqueta y jugaba sus primeras partidas de bolos el joven cuya atribulada trayectoria nos proponemos aquí seguir, un terrible infortunio doméstico que sobrevino en el hogar de unos desconocidos estaba destinado, sin embargo, a surtir un definitivo efecto sobre su propia felicidad y a modelar a conciencia el posterior transcurso de su vida. |
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miércoles, 16 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XXIV
Aurora boreal (Asa Larsson) El cuerpo de Víctor Strandgard, el predicador más famoso de Suecia, yace mutilado en una remota iglesia en Kiruna, una ciudad del norte sumergida en la eterna noche polar. La hermana de la víctima ha encontrado el cadáver, y la sombra de la sospecha se cierne sobre ella. Desesperada, pide ayuda a su amiga de adolescencia, la abogada Rebecka Martinsson, que actualmente vive en Estocolmo y que regresa a su ciudad natal dispuesta a averiguar quién es el culpable. Durante la investigación sólo cuenta con la complicidad de Anna-Maria Mella, una inteligente y peculiar policía embarazada. En Kiruna mucha gente tiene algo que ocultar, y la nieve no tardará en teñirse de sangre . Así empieza... ATARDECIÓ Y AMANECIÓ: DÍA PRIMERO Cuando muere Víctor Strandgard, en realidad no es la primera vez que sucede. Está tumbado de espaldas en la iglesia de la Fuente de Nuestra Fortaleza y mira hacia arriba a través de los enormes ventanales que hay en el techo. Es como si no hubiera nada entre él y el oscuro cielo de invierno. “No se puede estar más cerca –piensa-. Cuando lo llevan a uno hasta la iglesia que hay en una montaña en el fin del mundo, el cielo está tan cerca que casi puedes tocarlo alargando la mano” |
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XXIII
El lamento del perezoso (Sam Savage) La vida de Andrew Whittaker se derrumba: la revista literaria que dirige está a un paso de la bancarrota, el edificio que posee se cae a trozos y su mujer lo ha dejado. Sin embargo, Andrew no abandona. Es una máquina de crear proyectos, ilusiones y deseos vanos. Y escribe sin parar: bocetos de novelas, cartas de rechazo a aspirantes a escritores y delirantes invitaciones a antiguos compañeros con más éxito que él, listas de la compra, carteles para sus incívicos vecinos... Así empieza... JULIO Apreciado señor Fontini: Esto es para que conste. El enyesador ha presentado su factura por cambiar el techo de la cocina. Era, como seguramente sabe usted, un techo de buen tamaño, bastante más techo, digámoslo así, del que, para su desgracia, mucha gente tiene en el salón. Es, además, la segunda vez, lo cual me hace aún más difícil, por acumulación, asumir el pago. No soy un manantial de dinero, mucha gente se lo refrendaría. En pocas palabras: no puedo pagar de mi bolsillo a los operarios nada que pase de los 300 dólares. |
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sábado, 5 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XXII
Goodbye Columbus (Philip Roth) Ganador del National Book Award en 1960, Goodbye, Columbus fue el primer libro publicado por Philip Roth. En él aparece, de manera temprana e instantánea, el escritor de ingenio explosivo, poco caritativo en su visión de la vida y con una fuerte compasión por el autoengaño de sus personajes, que pervivirá en libros posteriores. Goodbye, Columbus es la historia de Neil Klugman y la hermosa y espiritual Brenda Patimkin, él de Newark pobre, ella del suburbio high class de Short Hills; de su encuentro en unas vacaciones de verano y de su inmersión en un affaire que nos habla tanto de las clases sociales y de la sospecha, como del amor. Junto a esta novela breve, cinco relatos que oscilan entre la iconoclasia y la ternura sin concesiones, y que iluminan los conflictos internos entre padres e hijos, amigos y vecinos, en la diáspora de los judíos americanos. Así empieza... La primera vez que la vi, Brenda me pidió que le sujetase las gafas; luego dio unos pasos, hasta situarse en el borde del trampolín, y miró la piscina con ojos de no ver nada; podrían haber quitado el agua, que Brenda, de puro miope, no se habría enterado. Se lanzó con mucho estilo y un momento después ya estaba nadando hacia el lateral de la piscina, con la cabeza de pelo muy corto, color caoba, erguida y estirada hacia delante, como una rosa en lo alto de un tallo muy largo. Se subió al borde, deslizando el cuerpo, y en seguida la tuve al lado. “Gracias”, me dijo, con los ojos acuosos, aunque no por el agua. |
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jueves, 3 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XXI
Lo que perdimos (Catherine O’Flynn) Tras las puertas de cristal del centro comercial Green Oaks, en Birmingham, se esconden los anhelos de cientos de personas. Una noche, un guardia capta a través de las cámaras la imagen de Kate Meaney, una niña solitaria y perspicaz desaparecida hace veinte años. Kate solía deambular por el centro mientras jugaba a ser detective e imaginaba los oscuros secretos de clientes y trabajadores, con la única compañía de su meno de peluche Mickey Así empieza... El crimen acechaba ahí fuera. Oculto, inadvertido. Esperaba no llegar demasiado tarde. El conductor del autobús no pasaba en ningún momento de los 25 kilómetros por hora, frenando conforme se acercaba a los semáforos en verde, hasta que cambiaban a rojo. Cerró los ojos e imaginó que el viaje proseguía lo más lento posible. Cuando los abrió, vio que el autobús iba muy por detrás de su peor estimación. Los peatones lo adelantaban, el conductor silbaba. Observó al resto de pasajeros y trató de deducir lo que se disponían a hacer ese día. Casi todos eran pensionistas, y pudo contar hasta cuatro ejemplares del mismo bolso de la compra a cuadros azules. Lo apuntó en su libreta; no iba a dejarse engañar por supuestas coincidencias. |
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martes, 1 de diciembre de 2009
lecturas 2009 - XX
El club de los pirómanos para incendiar casas de escritores (Brock Clarke) Lo último que imaginaba el adolescente Sam, cuando fascinado por las historias de su madre se introduce en la casa de Emily Dickinson, es que terminaría provocando un incendio que acabaría no solo con el venerado museo, sino también con la vida de un incauto matrimonio de profesores que aprovechaban unas horas de soledad para dar rienda suelta a su pasión en la vieja cama de la escritora. Tras pasar diez años en una cárcel de baja seguridad entre tiburones de Wall Street, Sam decide rehacer su vida. rechazado por su entorno, ingresa en la universidad donde se decanta por la fascinante carrera de Ciencias de Envasado, tras desestimar por absurdos los estudios de Filología Inglesa. Con el tiempo, se enamora, se casa y tiene dos niños adorables. Su vida transcurre en la sencilla felicidad doméstica de una urbanización en “donde el silencio era tal que nadie se atrevía a cortarse las uñas en el porche por si el ruido molestaba a algún vecino”. Pero repentinamente el pasado llama a su puerta y cuando las casas de Robert Frost, Edith Wharton, Mark Twain y Nathaniel Hawthorne empiezan a arder, Sam se convierte en el principal sospechoso... Así empieza... Yo, Sam Pulsifer, soy el hombre que incendió sin querer la casa museo de Emily Dickinson en Amherst, Massachussets, y el que, como consecuencia de ello, mató a dos personas, por lo que pasé diez años en la cárcel y por lo que, según leo en cartas de alumnos de Literatura Norteamericana, seguiré pagando un alto precio en un futuro no demasiado halagüeño. Esta historia ha llegado a ser bastante conocida en el ámbito local, y no abundaré en ella. Tal vez baste con decir que, en el podio de las grandes desgracias, de las horribles tragedias que han tenido lugar en Massachussets, primero están los Kennedy, después viene la famosa parricida Lizzie Borden y su hacha, a continuación figura la quema de las brujas de Salem, y luego ya aparezco yo. |
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domingo, 22 de noviembre de 2009
lecturas 2009 - XIX
Las hermanas Grimes (Richard Yates) “Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas comenzaron con el divorcio de sus padres”. Así empieza esta magistral novela del autor de Vía Revolucionaria: la historia de dos hermanas que construyen sus vidas por caminos opuestos. Para Sarah, el matrimonio y la vida familiar son un refugio seguro, aunque no garanticen la felicidad. Emily, en cambio, busca en un hombre tras otro las respuestas que no puede darse a sí misma, y procura en vano huir de la soledad. La Nueva York de los años treinta a los setenta, a la que llegan los ecos de la II Guerra Mundial y del psicoanálisis, es el escenario de esta novela valiente y demoledora, profundamente humana Así empieza... Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas comenzaron con el divorcio de sus padres. Ocurrió en 1930, cuando Sarah tenía nueve años y Emily cinco. Su madre, que quería que la llamaran “Pookie”, las llevó de Nueva York a una casa alquilada en Tenafly, Nueva Jersey, donde creía que las escuelas serían mejores y donde esperaba hacer carrera como vendedora de propiedades en barrios residenciales. No resultó –pocos de sus planes para independizarse resultaban- y se fueron de Tenafly después de dos años, que a las niñas les parecieron memorables - ¿Tu papá no viene nunca a casa? –les preguntaban otros niños, y Sarah siempre tomaba la iniciativa para responder, explicando lo que era un divorcio. - ¿No lo veis nunca? - Claro que lo vemos - ¿Dónde vive? - En la ciudad de Nueva York - ¿Qué hace? - Escribe los titulares. Escribe los titulares para el Sun de Nueva York |
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martes, 13 de octubre de 2009
lecturas 2009 - XVII
La reina en el palacio de las corrientes de aire (Stieg Larsson) Los lectores que llegaron con el corazón en un puño al final de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina quizás prefieran no seguir leyendo estas líneas y descubrir por sí mismos como sigue la serie y, sobre todo, qué le sucede a Lisbeth Salander. Como ya imaginábamos, Lisbeth no está muerta, aunque no hay muchas razones para cantar victoria: con una bala en el cerebro, necesita un milagro, o el más habilidoso cirujano, para salvar la vida. Le esperan semanas de confinamiento en el mismo centro donde un paciente muy peligroso sigue acechándola: Alexander Zalachenko, Zala. Desde la cama del hospital, y pese a su gravísimo estado, Lisbeth hace esfuerzos sobrehumanos para mantenerse alerta, porque sabe que sus impresionantes habilidades informáticas van a ser, una vez más, su mejor defensa. Entre tanto, con una Erika Berger totalmente inmersa en las luchas de poder y las estrategias comerciales del poderoso periódico Svenska Morgon-Posten, en horas bajas tras el descenso de las ventas y de los anunciantes, Mikael se siente muy solo. Quizás Lisbeth le haya apartado de su vida, pero a medida que sus investigaciones avanzan y las oscuras razones que están tras el complot contra Salander van tomando forma, Mikael sabe que no puede dejar en manos de la Justicia y del Estado la vida y la libertad de Lisbeth. Pesan sobre ella durísimas acusaciones que hacen que la policía mantenga la orden de aislamiento, así que Kalle Blomkvist tendrá que ingeniárselas para llegar hasta ella, ayudarla, incluso a su pesar, y hacerle saber que sigue allí, a su lado, para siempre. Así empieza... PRIMERA PARTE Incidente en un pasillo Del 8 al 12 de abrilSe estima que fueron seiscientas las mujeres que combatieron en la guerra civil norteamericana. Se alistaron disfrazadas de hombres. Ahí Hollywood, por lo que a ellas respecta, ha ignorado todo un episodio de historia cultural ¿Es acaso un argumento demasiado complicado desde un punto de vista ideológico? A los libros de historia siempre les ha resultado difícil hablar de las mujeres que no respetan la frontera que existe entre los sexos. Y en ningún otro momento esa frontera es tan nítida como cuando se trata de la guerra y del empleo de las armas. |
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viernes, 2 de octubre de 2009
lecturas 2009 - XVII
La soledad de los números primos (Paolo Giordano) Con tan sólo veintiséis años, Paolo Giordano se ha convertido en el fenómeno editorial más relevante de los últimos tiempos en Italia. La soledad de los números primos, primera novela de este licenciado en Física Teórica, ha sido galardonada con el Premio Strega 2008 –el más importante de Italia- y ha conseguido un éxito sin precedentes para un autor novel: más de un millón de ejemplares vendidos. Asimismo, ha despertado un gran interés internacional y será traducida a veintitrés idiomas. Existen entre los números primos algunos aún más especiales. Son aquellos que los matemáticos llaman primos gemelos, pues entre ellos se interpone siempre un número par. Así, números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43, permanecen próximos, pero sin llegar a tocarse nunca. Esta verdad matemática es la hermosa metáfora que el autor ha escogido para narrar la conmovedora historia de Alice y Mattia, dos seres cuyas vidas han quedado condicionadas por las consecuencias irreversibles de sendos episodios ocurridos en su niñez. Desde la adolescencia hasta bien entrada la edad adulta, y pese a la fuerte atracción que indudablemente los une, la vida erigirá entre ellos barreras invisibles que pondrán a prueba la solidez de su relación. La sutileza de los rasgos psicológicos de los personajes, así como la hondura y complejidad de una historia que suscita en los lectores las reacciones más variadas, resaltan la admirable madurez literaria de este joven autor a la hora de asomarse, nada más y nada menos, a la esencia de la soledad. Así empieza... Alice della Rocca odiaba la escuela de esquí. Odiaba tener que despertarse a las siete y media de la mañana incluso en Navidad, y que mientras desayunaba su padre la mirase meciendo nerviosamente la pierna por debajo de la mesa, como diciéndole que se diera prisa. Odiaba ponerse los leotardos de lana, que le picaban en los muslos, y las manoplas, que le impedían mover los dedos, y el casco, que le estrujaba la cara y tenía un hierro que se le clavaba en la mandíbula, y aquellas botas, que siempre le iban pequeñas y la hacían andar como un gorila. -Bueno, ¿qué? ¿Te bebes la leche o no?- volvió a apremiarla su padre Alice tragó tres dedos de leche hirviendo que le quemó sucesivamente la lengua, el esófago y el estómago. |
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lunes, 28 de septiembre de 2009
lecturas 2009 - XVI
El chino (Henning Mankell) Una helada mañana de enero de 2006, un fotógrafo hace un descubrimiento aterrador: en el pueblecito sueco de Hesjövallen aparecen brutalmente asesinadas diecinueve personas. La policía sospecha que es obra de un perturbado; pero la jueza Birgitta Roslin, que se interesa por el caso en cuanto sabe que entre las víctimas figura la familia adoptiva de su madre, sostiene otra teoría. Una cinta de seda roja encontrada en la nieve le pone en la pista de un sospechoso llegado de fuera, y de una inquietante trama oculta que parece arrancar en Pekín. Birgitta ignora que todo se remonta a una vieja historia del año 1860, cuando miles de chinos fueron llevados a EEUU a trabajar casi como esclavos en la construcción del ferrocarril en la costa oeste. Las consecuencias de esa dramática odisea, encarnada en los descendientes de los hermanos Wu, San y Gou Si, llegan hasta la conflictiva pero poderosa China del siglo XXI, donde cruentas luchas de poder en el seno del Partido Comunista Chino están decidiendo el futuro del país a las puertas de los Juegos Olímpicos. Pero su persecución del asesino, en solitario y al margen de la policía, se interrumpe en cuanto Birgitta siente en la nuca el aliento frío de quienes quieren acabar con su vida. Así empieza... [...] Skare, frío intenso. Mediados de invierno. Uno de los primeros día de enero de 2006, un lobo solitario cruza la frontera sin señalizar y llega a Suecia desde Noruega a través de Vauldalen. El conductor de un ciclomotor cree haberlo avistado a las afueras de Fjällnas, pero el lobo se esfuma por entre los bosques en dirección este sin que nadie logre ver hacia dónde se dirige. En medio de los valles noruegos de Österdalarna, el animal encontró restos de un cadáver de alce congelado donde aún quedaban huesos por apurar. Sin embargo, de eso hacía más de dos días. Ahora empieza a acusar el hambre de nuevo y busca alimento. |
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miércoles, 23 de septiembre de 2009
lecturas 2009 - XV
Todo eso que tanto nos gusta (Pedro Zarraluki) No siempre es fácil ser padre. Tampoco es fácil ser hijo.. en realidad, nada es fácil en esta vida... y ahí está la clave de la comedia. La dificultad acaba convirtiéndose en el corazón mismo del placer de vivir. Un anciano se escapa en busca de un palacio inalcanzable, y su hijo va tras él. En su huida se encontrarán con una chica que está segura de amar para siempre; con una mujer perturbadora que vive sola con su mayordomo y su cocinera napolitanos; con una ciega que nunca quiso trabajar y acabó cultivando las rosas más bellas... Padre e hijo comprenderán que vivir puede ser apasionante si se sabe mirar a los demás, hacerse cómplice de ellos. Si se sabe no tener miedo al ridículo, al miedo mismo. Y que es, al fin y al cabo, la única oportunidad que tenemos de dar un pequeño paseo por el paraíso. Así empieza... Mi padre se escapó de casa un día de sol radiante. Más que escaparse de casa, pues la que tenía no merecía tal nombre, se escapó de su propia vida y lo hizo de la única forma que podía sin atentar contra sí mismo. Se subió al coche y desapareció. Andaba mediado el mes de abril. Yo tardé en preocuparme porque Cristina, mi madre, no me dio la noticia hasta una semana más tarde. Me llamó a las ocho de la mañana, la hora en que, ella lo sabía, me iba a sorprender escuchando la radio en la cama, y me dijo que su marido le había dejado una nota rarísima. |
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martes, 22 de septiembre de 2009
lecturas 2009 - XIV
Las costumbres nacionales (Edith Wharton ) La familia Spragg, que se ha hecho rica en una pequeña ciudad del medio oeste, lleva dos años viviendo en Nueva York sin conseguir abrirse paso en su intrincada maraña de jerarquías sociales. Son “gente corriente” que “aún no había aprendido a avergonzarse de ello”. Su hija Undine, ayudada por su encanto y extraordinaria belleza, logra hacerse un hueco en el gran mundo y despertar admiración, aunque no tarda en comprender que en él los hombres la ven como “materia de pura carne”. Persiguiendo la respetabilidad, se casa con Ralph Marvell, miembro de uno de los más distinguidos clanes de la vieja Nueva York, pero habrá de descubrir que no siempre el buen nombre y el dinero van en el mismo lote. Poco dispuesta a renunciar a ninguna de las dos cosas, el matrimonio se convierte en una carrera, como los negocios o las tierras lo son para los hombres. Un atildado conde francés y un enérgico especulador norteamericano la esperan el accidentado –a veces trágico- camino de su ascensión. Así empieza... -Undine Spragg, ¿cómo te atreves –protestó su madre, levantando una mano prematuramente ajada y repleta de anillos para salir en defensa de la nota que acababa de entregar un apático botones. Pero su defensa era tan frágil como su protesta, y siguió sonriendo a su visita mientras la señorita Spragg, con un rápido movimiento de sus jóvenes dedos, se apoderaba de la carta y se apartaba para leerla junto a la ventana. -Supongo que es para mi –se limitó a decirle a su madre por encima del hombro -¿Ha visto usted cosa igual, señora Heeny? –murmuró la señora Spragg con orgullo y reprobación. La señora Heeny, una mujer de aspecto enérgico y profesional, con impermeable, el velo gastado y caído hacia atrás, y un bolso de cocodrilo bastante usado a sus pies, siguió la mirada de la madre con gesto de conformidad y buen humor. |
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sábado, 19 de septiembre de 2009
lecturas 2009 - XIII
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (Haruki Murakama) El joven Tooru Okada, que acaba de dejar su trabajo en un bufete de abogados, recibe un día la llamada anónima de una mujer. A partir de ese momento, la existencia de Tooru sufre una extraña transformación. Su mujer desaparece, comienzan a surgir a su alrededor misteriosos personajes, y lo real se degrada hasta cobrar tintes fantasmagóricos. Mientras los sueños invaden cada vez más la realidad, Tooru Okada deberá resolver conflictos que ha arrastrado a lo largo de toda su vida Así empieza... Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego. Iba silbando la obertura de La gazza ladra, de Rossini, al compás de la radio, una emisión en FM. Una música idónea para cocer la pasta. Al oír el teléfono, tuve la tentación de ignorarlo. Los espaguetis ya estaban casi listos y, además, en aquel preciso instante, Claudio Abbado conducía la orquesta filarmónica de Londres hacia el clímax musical. Sin embargo, qué remedio, bajé el gas, fui a la sala de estar y descolgué el auricular. Pensé que podía tratarse de algún conocido que me llamaba para hablarme de un trabajo. - Diez minutos, dame diez minutos –dijo sin preámbulos una mujer. Soy bastante bueno reconociendo las voces, y aquella no la había oído nunca - Perdone, ¿por quién pregunta –dije educadamente - Pues por ti. Con diez minutos tengo bastante, dame diez minutos. Y así podremos entendernos bien –contestó la mujer. Su voz era suave y profunda, indefinible |
lo dijo muchachadeojostristes a las 0:47 0 comentarios
martes, 15 de septiembre de 2009
lecturas 2009 - XII
lo dijo Anónimo a las 23:30 0 comentarios
martes, 8 de septiembre de 2009
lecturas 2009 - XI
Juntos nada más (Anna Gavalda) Camille tiene 26 años, dibuja de maravilla, pero no tiene fuerza para hacerlo. Frágil y desorientada, nalvive en una buhardilla y se esmera en desaparecer apenas come, limpia oficinas de noche, y su relación con el mundo es agonizante. Philibert, su vecino, vive en un apartamento enorme del que podría ser desalojado; es tartamudo, un caballero a la antigua que vende postales en un museo, y el casero de Franck. Cocinero de un gran restaurante, Franck es mujeriego y vulgar, lo cual irrita a la única persona que le ha querido, su abuela Paulette, que a sus 83 años se deja morir en un asilo añorando su hogar y las visitas de su nieto. Cuatro supervivientes magullados por la vida, cuyo encuentro va a salvarlos de un naufragio anunciado. La relación que se establece entre estos perdedores de corazón puro esde una riqueza inaudita, tendrán que aprender a conocerse en el aire, llena de esos minúsculos dramas personales que seducen por su sencillez, su sinceridad y su inconmesurable humanidad. Así empieza... Paulette Lestafier no estaba tan loca como decían. Claro que distinguía los días unos de otros, puesto que ya no tenía otra cosa que hacer más que contarlos, esperar a que llegaran y olvidarlos. Sabía muy bien que hoy era miércoles. ¡Y de hecho, ya estaba preparada! se había puesto el abrigo, había cogido su cesta y sus cupones de descuento. Incluso había oído el cose de Ivonne, a lo lejos... Pero el caso es que su gato estaba delante de la puerta, tenía hambre y fue al inclinarse para dejar su escudilla en el suelo cuando Paulette se cayó, golpeándose la cabeza contra el primer escalón. |
lo dijo Anónimo a las 14:05 1 comentarios
martes, 25 de agosto de 2009
lecturas 2009 - X
Marcas de nacimiento (Nancy Huston) "Un acontecimiento terrible tuvo lugar durante la infancia de la bisabuela y las consecuencias se extienden a lo largo de generaciones. Es un libro sobre el impacto de los acontecimientos políticos y familiares, sobre la forma en que se transmiten los recuerdos, sobre cómo la Historia influye en las historias particulares". Así define la galardonada escritora francocanadiense Nancy Huston su última novela, que además del Premio Femina 2006 obtuvo un enorme éxito en Francia con más de 400 mil ejemplares vendidos hasta la fecha. A través de los relatos de 4 niños, desde la actualidad hasta el pasado, el lector accede a los recuerdos personales que entretejen la historia familiar hasta culminar con el descubrimiento de un secreto que ha determinado la vida de todos ellos. La novela se inicia en California en 2004, con el brillante y mimado Sol; continúa en 1982 con su padre Randall, que divide su infancia entre Nueva York y Haifa; prosigue con su abuela Sadie desde el Toronto de los años 60 y culmina con la bisabuela Erra desde su hogar en Munich en 1944. Una marca de nacimiento, una señal congénita que une a las 4 generaciones, será la clave para desvelar ese terrible misterio que ha condicionado irremediablemente sus vidas. . Así empieza... Estoy despierto. Es como apretar un interruptor e inundar una habitación de luz. Me sacudo el sueño, entro en la vigilia con un súbito chasquido, mente y cuerpo en perfecto funcionamiento, seis años y ya un genio, eso es lo primero que me viene a la cabeza cuando despierto. Mi cerebro inunda el mundo, el mundo inunda mi cerebro, controlo y poseo hasta el último resquicio. Domingo de Ramos temprano G.G ha venido de visita mamá y papá siguen dormidos Un soleado domingo sol sol sol rey sol Sol Solly Solomon Soy como la luz del sol, todopoderoso, instantáneo e invisible, fluyo sin el menor esfuerzo hasta los confines más oscuros del universo capaz a los seis años de verlo iluminarlo entenderlo todo |
lo dijo Anónimo a las 23:08 2 comentarios






















